Hoy fue uno de esos días en los que uno pierde la fe en la humanidad y luego arregla el mundo.
No pasó nada demasiado particular, solo yo estaba en un estado de ánimo impaciente, y se me ocurrió manejar, lo cual siempre parece poner una lupa a mi visión de las cosas y en especial de los comportamientos humanos, porque creo que en los autos uno realmente puede ver con longitud lo estúpidas y desconsideradas que pueden llegar a ser las personas. Además de eso, tuve que ir al supermercado, y para variar, estaba lleno. Lo cual no es sorprendente porque siempre está lleno, da lo mismo la hora en que uno vaya, pero cuando se viene un feriado, vacaciones, cuando llueve o hay una fecha como hoy, la gente parece desquiciarse cuando se trata de comprar.
De vuelta a mi casa, ya más tranquila, me quedé pegada en uno de esos monitos animados que dan en el canal religioso que tiene el cable. Era sobre una de las parábolas de la biblia sobre el avarismo, que contaba, básicamente, la historia de un tipo que acumulaba y acumulaba viñedos y un día se atragantába con una uva y moría. Y me puse a pensar en por qué seremos tan egoístas, tan avaros –me incluyo -, tan poco compasivos con el otro, con los otros seres humanos. Por qué tendremos esta necesidad de poseer cosas, de tener más y más bienes materiales, de no compartir nada. Y es verdad, si yo me pongo a analizar qué es lo que me pasa cuando tengo que compartir algo que no quiero, o en la sensación que me da comprar, pienso que, por un lado, comprar es una sensación como de bienestar, como de que algo se llena dentro de mi, y por otro lado, cuando pierdo algo, es como si perdiera algo de mí. Como si las cosas que tengo fueran yo, fueran parte de quien soy. Como si al robarme, por ejemplo, el celular o mi billetera me estuvieran robando un brazo.
Entonces pensé que esa sensación era como una obsesión por acumular cosas, como si nos fuéramos a ir de viaje a algún lado, por mucho tiempo, y entre más cosas lleváramos con nosotros, mejor vamos a estar.
Y ahí me cayó.
¿Qué pasa si ese “viaje” es en realidad la muerte? ¿El miedo a lo desconocido? ¿Qué pasa si esta sensación de que tenemos que acumular muchas cosas no es más que nuestra reacción ante nuestra propia mortalidad? Nos damos cuenta de que no somos eternos, y por eso compramos cosas que queremos que, eventualmente, lo sean. Quizás es solo la certeza de que somos finitos, perecibles, en el inconsciente colectivo la que se traduce en el consumo. Es nuestra forma de lidiar con eso. Es, quizás, un acto mecánico, que hacemos obviamente sin darnos cuenta. Pero es eso finalmente.
No tengo una solución al respecto. Solo lo interesante que puede ser ver qué puede haber detrás de actos cotidianos, y experiencias que repetimos compulsivamente. Quizás si puedo llegar a ser conciente de verdad, se me quiten las ganas compulsivas de acumular cosas, y pueda llegar a compartirlas con alguien más. Y quizás más gente podría hacerlo. Y más. Y de pronto, un día, el mundo despertará y ya no habrá pobrezas, ni guerras, ni violencia. Solo estaremos nosotros, libres de cárceles falsas y simplemente existiendo.
Ah, si tan solo uno pudiera pasársela arreglando al mundo como hoy.
2 comentarios:
hum... interesante tu planteamiento... hice un analisis personal.
Yo no creo en el mas alla, cielo, u otra vida como le quieran llamar, y la verdad es que no tengo una necesidad o me crea una real satisfaccion poseer cosas, siempre me gasto mi dinero en viajes, buenas comidas o regalarle cosas padres a los demas, no me he comprado una casa o un coche nuevo, hum... siempre me dicen que si no planeo para el futuro...
Me gusto tu manera de ponerlo, aunque creo que no hay necesidad de pensar en un mas alla, talvez solo en que viviremos mas de 60 años y necesitamos cosas para esta larga vida, igual me falta un poco de eso.
Igual es interesante lo que dices, reflexionare un poco mas al respecto.
por que arreglar el mundo, este se arregla solo. me encanta ir al supermercado, pasear por los pasillos y jsadfhf, es casi terapeutico.
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