Últimamente me la paso con canciones del último disco de Babasónicos en mi cabeza. Me gustan porque son súper adolescentes. Frases sueltas, del tipo "has conseguido verme un poco más normal o es solo que he aprendido a actuar frente a vos" o "Por mi cama pasa un río,y en el río un rebaño abreva el sol, y un pastor inmóvil sentado a tus pies me canta, me canta..." mientras veo aburrida a la misma gente aquí en el café, con sus mismas caras de hastío y algunas sonrisas fáciles sueltas por ahí.
Mis sonrisas, por ejemplo, son en su mayoría mecánicas, al menos en este lugar. Es como un acto reflejo cada vez que alguien me pide un libro o, como hoy, una revista o diario. Hace un rato llegó un viejo que siempre me regala chocolates, con una de esas bolsitas ambrosoli de gomitas. Ese viejo es un tierno. Mi sonrisa, entonces, es natural.
Aparte de eso mi vida no está muy pero muy interesante pero he tomado la irrefrenable desición de ser feliz. Creo que nunca lo había decidido tan así, siempre he pensado que la felicidad es una cosa fugaz que te atrapa en los momentos menos oportunos y que te deja tan rápido como llega. Sin embargo, después de un periodo de meses en los que me transformé literalmente en un vegetal, como que desperté y me dije ya, basta de cuentos y tonteras, quiero ser feliz. Y no es fácil ah, al menos no para alguien como yo. Pero creo que se puede. Creo que puedo hacer el esfuerzo de reírme cuando en realidad quiero matar a alguien y no solo por reírse, sino porque en realidad, la mayoría de las cosas que me enojan son realmente divertidas. La gente, por ejemplo, a veces puede ser tan absurda. Me incluyo.
Así que mientras cuento los minutos que faltan para poder irme a mi casa, pienso que esta desicion, la de ser feliz digo, es una que tengo que tomar todos los días y varias veces al día. Pero es que me cansé de ser tan amarga. Es cansador. Prefiero andar con menos equipaje por la vida, a ver si la espalda me duele menos y me cuesta menos caminar. O algo así.
Y ahora por ejemplo, observo a un viejo amargo, el más amargo de todos, que viene religiosamente todos los días y pide todos los diarios y con solo pedirte el diario te hace sentir que eres el ser más insignificante del mundo. Pero ahora, mientras lo observo desde mi cubículo de diarios, lo veo sonreír solo, y me imagino que, o está leyendo algo muy divertido, o algo muy trágico y a él, como es amargo y todo eso, le da risa.
Sea como sea, espiarle esa sonrisa al viejo amargo me hace el día. ¿Qué más necesita uno?
Bueno, supongo que esa es una pregunta que es mejor no responder.
2 comentarios:
Maca: se puede. Sé feliz. Tu inteligencia y tu talento no se merecen menos que la felicidad.
quien será este Alex que me sube el autoestima con sus comentarios?
ojo, que no me quejo.
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