sábado, diciembre 19, 2009

silence, please.

Cada día aprecio más el silencio. Creo que se debe a que tengo que necesariamente sociabilizar con gente todos los días aquí en la biblioteca, y el 90% del tiempo preferiría estar en silencio.

Pero a la gente le encanta conversar.

Da lo mismo de qué. Lo importante es estar hablando constantemente. De lo que hicieron el fin de semana, de los ingredientes que agregaron al almuerzo del día anterior, de qué le dijo un famoso a otro en el matinal de la mañana. El silencio para la mayoría de la gente es incómodo, y una señal de que algo anda mal.

Muchas veces me ha pasado pololeando que me preguntan ¿qué te pasa? cuando en realidad no pasa nada, solo que hemos estado en silencio por un rato. Mi primer pololo me decía "Ese silencio me mata", porque él era exagerado, porque era nuestra primera relación y porque yo, efectivamente, en ese minuto ya no tenía nada más que decirle. Porque a veces simplemente es mejor callar que forzar la conversación.

Lo que pasa es que me aburre. La conversación de pasillo me aburre tremendamente. No es que tenga que tener conversaciones "inteligentes" todo el tiempo ni mucho menos. Pero la verdad de las cosas es que los detalles de la vida cotidiana de gente que no son mis amigos o mi familia no me interesan. Y no es por amarga. Es porque son fomes. Yo, por lo menos, no ando aburriendo a gente que a penas me conoce con detalles ínfimos de mi vida: pasa eso está el novio o la novia, ¿no? Cuando uno tiene una pareja, todos esos detalles cobran importancia porque hay un espectador, hay alguien que te garantiza la atención y la importancia necesarias. Pero al resto de la gente no tiene por qué importarle si le compraste ya el regalo de navidad a tu mamá o no.

Pero volviendo al silencio, creo que es necesario, sobre todo viviendo en una ciudad tan ruidosa. Ahora que vivo en el centro, los momentos de silencio son cada vez más escasos. Sobre todo viviendo al frente de unos idiotas que pasan todos los días cantando "pluma gay" a todo pulmón. Cuando puedo estar en silencio, como que se me aclara la cabeza, me calmo y todo resulta un poco menos abrumante.

Pero simplemente no se puede. Si trato de estar en silencio, me tildan de antisocial, de callada, de mal genio. La pregunta que más me han hecho últimamente es oye, tu erí como callada, o no? Sí. Lo soy.

Me acuerdo que cuando iba en pre-kinder, las profesoras para hacernos callar inventaron un personaje que se llamaba "señor silencio". Y cada vez que había que callarse, lo llamábamos en un tono cantarino: "señor silenciooo... señor silenciooo..." y todas nos quedábamos calladas, espectantes, como si de pronto un espíritu hubiera entrado a la sala. Al menos yo me lo imaginaba a así. Y era como mágico, el silencio construia una verdadera presencia.

En fin. Muchas culturas han repetido eso de que en silencio se puede escuchar a dios. Universalizando eso mismo, creo que hay muchas cosas que no escuchamos día a día porque no nos damos la oportunidad de estar en silencio.

A veces es bueno simplemente callarse y observar. Uno nunca sabe las cosas que va a escuchar.

martes, diciembre 15, 2009







Odio la publicidad de Brahma. Es insultante, no sé cómo nadie ha dicho nada.
Es increíble que anuncios como ese todavía existan en una sociedad que supuestamente ha avanzado algo. Esto nos prueba que, evidentemente, cien años de historia han traspasado a Chile como si fueran aire. Temas como el sexismo, la misoginia, la marginación de la mujer y sobre todo la objetivación de la mujer parecieran ser chino mandarín para este país.

Claramente la "actitud extra" es sinónimo de "actitud sexista", "actitud patética" y "actitud que nadie quiere ver todos los días detrás de cada transantiago".

Lo más idiota es que además, es pésima publicidad. Primero, las mujeres también tomamos cerveza, y yo por principios no tomaré más Brahma. Pero además es un intento por apelar al "shileno pícaro" que solo resulta en un completo fracaso.

Además, la cara del modelo me patea la guata.