Me vine a Rapel el viernes para pasar el finde con mis viejos y estar para el día del padre, aunque en mi familia no hay mucho amor por estas festividades comerciales. Pero es una buena excusa y se da para que, por ejemplo, mi hermana haya llegado el viernes en la noche de sorpresa y se haya quedado el fin de semana.
El punto es que como todos sabemos empezó a llover y correr un viento de no-sé-cuántos kilómetros, y se cortó la luz en todas partes. Pero el punto es que no volvió en todo el día el sábado y recién hace como media hora (domingo, 4 de la tarde) volvió.
Y aunque yo me quejaba junto a los demás, la verdad es que no me importó en lo más mínimo la falta de electricidad, y eso que yo dependo mucho de artefactos como mi computador, mi celular y mi mp3. Pero por suerte había traído un libro que me habían regalado esa semana de 800 páginas así que no sentí la falta de electricidad. Al contrario, no sé por qué, pero eso de estar los cuatro encerrados en una casa sin luz y sin más que hacer que comer chocolates, jugar a las cartas y pelar a todo el mundo, me produjo una especie de tranquilidad antigua. Aparte del hecho de poder leer al lado de la chimenea, con mi perra al lado y la gente que quiero en la mesa, hubo algo sobre la situación media apocalíptica que como que suavizó mi espíritu, o algo menos cursi.
No quiero sonar como el gran cliché que son las personas que se quejan de que la tecnología ha separado a las familias y bla bla bla, pero sí me di cuenta de lo agradable que es silencio. Y de que aunque estemos bajo el mismo techo, siempre hay alguien viendo tele, o metiéndose a internet, o jugando en el computador, pero sin luz no había otra que mirarnos las caras. Y es reconfortante saber que se podría acabar toda distracción posible, y con mi familia seguiríamos riéndonos y disfrutando de nuestra compañía, sin que nos amargue demasiado la falta de electricidad. Y me puse a pensar que aunque sea un gran lugar común, creo que me gustaría pasar un buen tiempo lejos de la tecnología.
Como que se aclara un poco la cabeza.
Es bueno saber que aunque se haya cortado la electricidad, todavía hay luz en nuestra casa.
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