sábado, noviembre 26, 2011

sobre lo imposible y plagios en general

Es demasiado difícil ser original.
En eso iba pensando hoy mientras caminaba. En que es tan malditamente imposible tener una idea original. En serio, de repente se me ocurren cosas, y digo, oh, que brillante soy... hasta que una semana después descubro que en realidad mi idea se hizo hace años y que, de hecho, se ha hecho muchas veces después de eso.
Bueno, yo tengo una teoría sobre el inconsciente colectivo, pero esa es otra volada.
Lo que sí me pasó es que me acordé de mi primer día de clases estudiando Literatura. La primera clase era a las 8 de la mañana (lejos, la peor parte de mi día es despertar, peor si es demasiado temprano o no he dormido mucho, mi cabeza simplemente deja de funcionar), y la profesora era una brígida. Pero mal. Era muy pero muy seria y pesada y me acuerdo perfecto de ese primer discurso, entrando. Me acuerdo porque fue, por supuesto, un poco impactante y porque después lo hablamos mucho con mis compañeros porque a todos les pasó algo similar.
Lo primero que nos dijo era que del curso solo iban a terminar la carrera la mitad, y que de esa mitad solo la mitad (de esa mitad. ja) iba a conseguir trabajo. Lo cual, al parecer, es usual cuando uno empieza esas cosas. Creo que incluso los militares hacen eso de asustar a los nuevos. Y en realidad, ahora titulada me doy cuenta de que al menos en términos de pega, tenía toda la razón. Pero en fin, el punto es que después nos dijo que nosotros como estudiantes de Literatura íbamos a tener que dejar de vivir. Que si no nos pasábamos cada segundo libre leyendo (citó la micro y creo que hasta incluso el baño), íbamos a fracasar. Me acuerdo perfecto de eso, de lo imposible que sonaba eso de que iba a tener que leer cada segundo del día porque si no, me iba a echar la carrera.
Y creo que fue en ese momento cuando pensé que en realidad, lo opuesto a la vida no es la muerte, (que finalmente es parte de la vida), sino la Literatura. Y todavía creo eso. Cuando escribo o leo tengo que dejar de vivir. Es como un estado de no vida. O algo así. No sé.
Bueno, y lo otro que nos dijo, y que fue muy pero muy repetido ese año, fue que cualquier cosa que opináramos respecto a cualquier autor, iba a ser plagio si no buscábamos quién lo había dicho antes. El tema del plagio, por supuesto, fue importantísimo durante toda la carrera, sobre todo después de la escenita que sucedió en la Diego Portales. Pero se nos inculcó la idea de que era absolutamente imposible ser original. Que todo ya está dicho y que hay que citar, citar, citar. Y si uno no se da la paja de ver quién ha opinado ya algo que tú acabas de descubrir, quiere decir que lo estás plagiando. Aunque ni siquiera lo conozcas. Es medio loco igual, pero por otro lado, es muy cierto. Sobre todo para un grupo de adolescentes recién salidos del colegio. Pero creo que fue por esa razón, por ejemplo, que la tesis se convirtió en el martirio que terminó siendo al final. Por eso de tener que buscar a la fuerza citas. Autores teóricos que apoyen tus ideas. Creo que al final incluso lo hice al revés. Fue un proceso doloroso y que me dejó, por primera y única vez en mi vida, con unas ansias de venganza que le harían la pelea a Beatrix Kiddo. En serio. Fantaseaba las distintas formas de cómo vengarme de mi profesora guía. Por supuesto, la ira ya se me pasó, aunque sigo pensando que ella fue del mal. (Ojo que acabo de escribir tres adjetivos que me parecieron demasiado violentos para mis lectores imaginarios, así que quizás no he superado la situación del todo aun ahora).

Pero en fin. Como siempre, me desvío del tema. El tema es eso de la imposibilidad de ser original. Me pasa ahora, con algo particular, que me tiene media angustiada, o más bien absolutamente bloqueada. Esto de tener que inventar algo original me supera. Siento que nada de lo que piense puede ser realmente único porque obviamente deben haber mil autores que han dicho lo mismo, o algo similar.
Y supongo que esa es la pregunta. ¿Qué se hace? ¿Asumir que nunca vas a poder escribir algo original y dedicarse a vender celulares? ¿Escribir a pesar de estar consciente de que estás plagiando a estos autores invisibles? ¿Tratar de realmente encontrar algo original, aunque te tome toda la vida?
No sé. Y a estas horas, aunque debería estar durmiendo (sufrí hoy la falta de sueño y todo el día he sentido que en vez de neuronas tengo vapor en la cabeza), estoy aquí, despierta, pensando estupideces como esta, y en realidad demasiado hiper para poder dormir, por las buenas nuevas que recibí hoy.

¿Cuáles nuevas serán esas, se preguntaran mis lectores imaginarios? ¡Al fin dejé de ser cesante! No tendré que ponerme a trabajar en un banco, al final. Y estoy feliz. En resumen, en verdad, feliz. Por primera vez en tanto tiempo.
Y mejor dejo de escribir ahora, antes de que me ponga toda sentimental y rosa.
Aunque es obvio que no puedo evitarlo.
Pero no dejaré de intentarlo.
Que buena poeta soy yo. Digo, mala.

1 comentarios:

marceloefuentes dijo...

Demasiado ciertas todas las cosas que te dijo tu profesora. No sé si la primera clase es el momento más apropiado, pero habría agradecido recibir algunas de esas advertencias al inicio de mi carrera. Yo mismo les hago comentarios similares a mis estudiantes en su primer o segundo semestre, porque, si quieren ser parte de esa mitad con trabajo de la mitad que termine su carrera, es necesario que se esfuercen por ser de los mejores desde el inicio. Un abogado flojo o pajarón va a tener pega igual; un licenciado en literatura o historia, no.

Creo que la originalidad está sobrevalorada. Si no hubieran existido las vanguardias ni Harold Bloom, ¿nos importaría en algo que lo que hacemos se destaque por su originalidad? ¿No sería más relevante preocuparnos por su calidad? Algunos de los autores que más admiro, como San Juan de la Cruz o C. S. Lewis, no tenían ningún interés en ser particularmente originales, y lo fueron más que muchos obsesionados por el tema y cuyas “originalidades” hoy nadie recuerda.

Felicitaciones por tu nuevo trabajo. Que lo disfrutes.