Es increíble cuando lo pienso, que en realidad solo en Santiago, hay miles de millones de micro-mundillos, universos privados que funcionan con sus propias reglas. Estaba pensando, cuando trabajé en el Blockbuster, al principio encontré a mis compañeros de trabajo unos perdedores, que sus problemas tenían que ver con que no sé qué cliente no había pagado la multa. Pensé que en realidad era estúpido enojarse así por algo que a mí, francamente, me daba exactamente lo mismo. O sea, yo iba allá a ganar plata mediante algo que me gusta mucho: arrendar películas. Y todo lo que quería hacer era pasar esas interminables horas metida en ese cubículo lo más rápido posible, para irme a mi casa y ver la película que había arrendado ese día. Fue en la misma época en que de la nada me deprimí tanto que les dije a mis viejos que quería congelar, porque no sabía qué quería hacer de mi vida. Y luego, cuando me preguntaron ahora qué vas a hacer, respondí: quiero ahorrar plata para irme a la selva peruana, a seguir el camino del chamán. O estudiar cine. Esas dos cosas dije, y mis papás me miraron como si una enfermedad crónica se hubiera apoderado de mi cabeza, y estuviera alucinando. Un mes después, llegué al hospital con la garganta hecha una pelota blanca y el hígado destrozado. Tenía mononucleosis. Una de las tantas enfermedades freak que he tenido, porque obvio, nada en mi vida puede ser medianamente normal. No, a mí me tiene que dar escarlatina y cosas por el estilo que ni tienen nombre, a mí se me tiene obviamente que infectar la muela del juicio cuando me abrieron y me las sacaron antes de la operación, una infección tan rara, que mi dentista me dijo, así como con los ojos brillantes, que lo iba a publicar o a exponer frente a los doctores de su comunidad o lo que sea. En fin. Con mi mamá siempre nos reímos de eso, aunque es una risa con un poco de crítica. Siempre me pasa lo que casi nunca pasa. Mononucleosis entonces, “la enfermedad del beso” que se transmite con la saliva aunque, oh quién sabrá por qué, no me había dado un beso con nadie en ese minuto así que fue de la nada gracias universo, una vez más. Y nada, al parecer esa enfermedad extraña hace que uno se deprima meses antes, que no tenga ganas de hacer nada, (apenas congele, dormí por 3 días casi seguidos, me levantaba 1 hora y seguía durmiendo) y uno termina postrada 1 mes después en cama, sin poderse levantar, porque ataca al hígado y al vaso o baso o como sea, y si uno camina pueden explotar. Al menos así me lo graficaron a mí. Al menos ese mes en cama me devolvió el sano juicio, al parecer, y la idea de irme a hacer el camino del chaman a Perú no me pareció tan buena idea.
En fin. Creo que el punto se me fue por ahí por el blockbuster. La cosa es que terminé haciéndome amiga de los tipos, me metí con el jefe, y obviamente cuando logré decirle que no quería nada con él (cosa que me cuesta demasiado, terrible miedo al confrontación parece) empezó a ponerme los 6 días de la semana, casi todo el día, haciendo trabajos de mierda en la bodega, y haciendo esa cosa pasiva-agresiva que hacen los hombres cuando les hieren el ego. Así que por supuesto, renuncié. Pero el punto es que llegué a integrarme tanto en ese semi mundo con sus propias reglas que en un minuto me vi a mí misma retando a una vieja que se había demorado con una película o no sé qué, y me di cuenta de que era hora de partir.
Supongo que si alguien analizara el círculo que tengo con mis conocidos, también podría ver lógicas y “leyes” internas, aunque obviamente muy diferentes a los otros. Y sin embargo, todos convivimos juntos todos los días. Quizás por eso a veces resulta tan difícil comunicarse con la gente, sobre todo cuando no los conocemos, porque no sabemos cómo llevar esas reglas internas a otro lugar, quizás esas lógicas chocan o algo así, como interferencia en la comunicación. Sería interesante ver si eso sucede, qué problemas de comunicación y simbolización afectan la conexión, aunque sea superficial del minuto, entre dos personas. Es como… no sé si era Babilonia cuando estaban construyendo esa torre gigante para “estar más cerca de dios” la torre de Babel… en fin, se supone que ahí todos hablaban el mismo idioma, pero dios les envió un rayo o lo que sea, y todos quedaron hablando diferentes idiomas. Eso está en la biblia, pero puede ser una excelente metáfora. Al final es cierto que como raza humana hablamos un mismo idioma, que va más allá del lenguaje, porque al final podemos aprenderlo para decir las cosas que queremos decir, pero lo que queremos decir es lo mismo todos, en todas partes del mundo. Y a chica escala, en una misma ciudad, donde hablamos el mismo idioma castellano, pero además todos hablamos el idioma de la ciudad, la dinámica de la ciudad que a los provincianos les choca tanto cuando llegan. Y sin embargo, a veces es como si pocos de nosotros hablaran nuestro mismo idioma, como si hubieran muchos grupos que hablan diferentes idiomas, y que uno va encontrando de a poco, a veces por sorpresa, como oh, no sabía que hablábamos el mismo idioma, no sabía que me puedes entender y que yo te puedo entender a ti. Es como lo más básico pero sin embargo, es así, creo. A mí en particular, a veces me agarra mi lado pesimista y pienso que con unos pocos puedo realmente comunicarme, esto es, que me consta que están entendiendo lo que les estoy diciendo y yo puedo realmente entender lo que me dicen. Porque el resto del tiempo, siento que no logro hacerme entender simplemente porque hay cosas que yo pienso que en otras personas simplemente no existen. Y ahí, uno tiene una comunicación superficial, pero nunca van a llegar a conocerte a fondo, como lo que hay debajo de estas miles y miles de capas que me pongo todos los días al levantarme. No sé si lo hará así todo el mundo. Por lo mismo, porque a veces simplemente no sé qué hacen las demás personas. Las personas no sé, “normales” o por último todas esas personas que parecen pensar igual. Y que son mayoría.
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