sábado, noviembre 26, 2011

sobre mis encantadores vecinos

Entonces anoche, cuando iba saliendo a celebrar mi nueva pega y demaces, me quedé pegada hablando con mi conserje como por 45 minutos. En general tengo muy buena onda con todos, pero en particular con éste.
Fue heavy.
Todo partió porque le pregunté si había alguna posibilidad de dejar mi auto adentro esa noche, porque no alcanzaba a ir a dejarlo. Y se puso a buscar, y encontró uno desocupado. Y me contó por qué estaba desocupado.
Resulta que vivía ahí un tipo que se estaba escapando de los pacos. ¿Por qué? Ah, sí, pedofilia. Lo estaban acusando de haber violado a su hija, y había dejado a su señora y niños completamente abandonados. Habían ido los pacos a buscarlo muchas veces, y ahora había desocupado su departamento y no sé qué. No me consta, por supuesto, todo esto viene de los cálculos sacados por mi conserje, pero yo igual le creo. Porque además tenía todo escrito. Las entradas, salidas, los decretos judiciales o lo que sea. Y aquí viene lo posiblemente impactante: Hay una fiscal que se encargó de un caso en Viña del Mar, en que unas niñas acusaron a unos detectives por abusar de ellas. Mi conserje dice que la reconoció, y me mostró una tarjeta de presentación con su nombre y todo. Y estaban tirando. El pedófilo y la mina esta eran o son una especie de pareja. Ella al parecer es su abogada. Anoté su nombre en un papelito que por supuesto se me perdió, pero le voy a preguntar de nuevo. Porque con esos fiscales. Me recordó a ese fiscal del demonio que decidió que yo debería irme a la peni a pasar la noche por un accidente que al final ni siquiera fue mi culpa, sin estar ni borracha ni en otros estados. Los pacos no lo podían creer. Fue una de mis top 5 peores noches de la vida.
El punto es que el tema de mi querido vecino y su abogada es por lo bajo poco profesional y por lo alto o lo que sea, es un asco.

En fin, además de este caso me empezó a hablar de mis otros adorables vecinos. Hay un viejo que es mi vecino-vecino, que yo siempre he encontrado un raro de mierda. Tiene cara de loco y siempre lo veo borracho en la calle. Onda en la cuneta. Cuando me habla, me dice cosas incompresibles. Y no sé por qué, pero me da un poco de miedo el viejo ese. Quizás es porque compartimos una pared. O porque al principio se la pasaba tocándome el timbre para pedirme plata prestada, y varias veces tuve que atajarlo para que no entrara a mi depto. Bueno, el caso es que yo tenía razón y que el tipo ese es un adicto del mal, y que ha traído a, según mi conserje, sus amigables dealers de pasta a su casa y todo eso. Bakán.
También me habló de otro sujeto que en estos últimos días ha tenido problemas con los pacos porque se emborracha también y se pone a hacer karaoke o algo por el estilo. Y que casi le pega a mi conserje y es ultra violento. Gracias.
Y en fin. Me contó varias cosas y yo en lo único que podía pesar es en esa noche hace dos semanas, que estaba en una fiesta a dos cuadras de mi casa, y de repente me bajaron las ganas de irme y me fui tambaleándome por las calles a mi casa. Me podría haber pasado cualquier cosa, en verdad. Y en ese estado no habría sido capaz de defenderme. Quizás da lo mismo, pero me gustaría pensar que si alguna vez me pasa algo por el estilo, que al menos daré la pelea.

Me encantaría cambiarme de barrio, la verdad. No porque sea el peor barrio o porque sea particularmente peligroso, cosa que realmente no pienso. Pero tengo que confesar que echo de menos Providencia y sus parques y ciclovías. Y cuando camino por Ñuñoa también me dan ganas de vivir en alguna de esas casitas de colores por calles chicas y más o menos deshabitadas. Aunque me encanta mi departamentito, la verdad es que odio a mis vecinos en general, sobre todo por el maldito eco que se forma entre lo que son cuatro edificios, y que a veces se hace insoportable. Como cuando estoy tratando de escribir y suena una y otra vez el mismo celular, con la peor y más barata versión de la canción de Beethoven, Fur Elise. Yo creo que lo hace a propósito. Eso de dejarlo sonar y sonar. Y tiene que estar a un volumen realmente alto. No sé, a veces pienso que la gente realmente lo único que quiere es ser observada. Creo que hay más exhibicionistas que voyeuristas (¿o es voyeristas no más?) en esta vida.
Anyway. Por el momento cierro las ventanas, pongo música o la tele más fuerte y pretendo que podría estar en cualquier parte o en ninguna a la vez.

0 comentarios: