martes, diciembre 27, 2011

Ayer hablaba con mi amiga Dora sobre, entre otras cosas, nuestro periodo juntas en la compañía de teatro del colegio. Para mí fue como un oasis en un mundo lleno de reglas idiotas, clases que no me interesaban y profesoras sádicas que gustaban de ver sufrir al resto, aunque esto último puede -solo puede- que haya sido más que nada mi amarga percepción de la vida en ese momento. Yo en esa época quería estudiar teatro (y menos mal que no quedé cuando postulé) y lejos lo mejor de cada semana eran los ensayos. Le dije ayer a Dora, con mucha honestidad, que no había vuelto a tener esa sensación de adrenalina y de una mezcla de tantas cosas que sentía cuando actuaba frente a un público. No hay nada que se le parezca, en serio que no. O sea, me imagino que algo por el estilo deben sentir las bandas o musicos cuando están sobre el escenario, pero para mí al menos, esa sensación se quedó atrapada en ese pasado de mi adolescencia, y es algo que no he vuelto a recuperar. Y está bien. Uno no puede andar por la vida persiguiendo esas cosas ideales, las cosas que uno perdió y quieres desesperadamente recuperar. Hay cosas que quedan así, como recuerdos estampados en la memoria.
Ojalá uno pudiera tener la templanza o whatever suficiente como para aceptar eso con todo. Hay días en los que la neurosis es tanta que ni siquiera me deja disfrutar del presente inmediato. En ese sentido me gustaría ser un poquito más como los animales, y vivir en el momento. Aunque sea un rato.

Y esa sería mi reflexión feliz del día.

miércoles, diciembre 21, 2011

sobre las vueltas de la vida o lo que sea

Bueno, así que no he hablado mucho –nada- de mi nueva pega, y es por dos razones. Una, que me he enterado de que, a pesar de que nadie comenta nada, al parecer sí hay gente que lee mi blog -más de lo que yo pensaba-, y por lo tanto eso me ha restringido mi lado criticón y burlón de ciertas cosas o gente por miedo a que lo lean. Ja. Complejo de dios o whatever, sí, pero en fin. Pero la verdadera razón es porque en general me pasa que cuando tengo mucho que decir sobre algo, se me hace particularmente difícil escribirlo. Esto con los eventos de la vida real, por supuesto.
Pero aquí va una panorámica general.
Estoy trabajando para el demonio capitalista de la publicidad. En términos concretos: me dedico a redactar ofertas de productos que nadie necesita a gente que no tiene mucha vida. Mi trabajo es que ese alisado con keratina de chocolate o whatever parezca no solo una buena idea, sino algo sumamente cool por hacer. Lo divertido es que he tenido que googlear casi todo. Ni idea qué era el alisado con keratina, o depilación IPL o tratamiento reductor laser o no sé qué. De hecho, cada vez que le he dicho el nombre de la empresa a alguien, lo reconocen al instante. Al parecer es bastante común esto de adquirir estupideces con esta empresa solo porque los descuentos son verdaderamente altos. Así que si no necesitas realmente una manicure con no sé qué producto idiota que no sirve para nada, parece ser una buena idea adquirirlo, porque después de todo, hay un 70% de descuento.
En fin. No todo lo que tengo que redactar tiene que ver con un spa o peluquería. Me ha tocado redactar ofertas de kits eróticos, por ejemplo. Y cosas así que permiten a mi imaginación vagar por prados un poco más agradables que tratamientos faciales. Y lo paradógico es que al final lo que escribo es media página, pero me demoro como una hora en cada una. Tengo que ver el dato duro del contrato, meterme a la pagina web del socio, googlear lo que no cacho, pensar en cómo redactarlo de manera cool, o “entretenida”. Y la estructura de cada oferta es distinta y muy pero muy rígida, y hay que hacer mil huevás antes y después terminar el texto, como anotarme en 5 planillas distintas, que están cambiando constantemente. Y lo que más me cuesta es la estructura del chiste, porque siempre me ha costado. De hecho, empecé una clase de stand up con Villouta hace un par de años que nunca terminé. Tenía problemas con los remates (que finalmente son todo el chiste, así que no era un problema menor). Y lo que es la vida, me vengo a encontrar con la misma estructura años después, en un contexto completamente bizarro.
Es que ese es el gran punto. Más allá de lo que hago, es dónde lo estoy haciendo. Es una empresa “joven” así que todos tienen menos de 40, y la mayoría fluctúa entre los 20 y 30. Vamos con la ropa que queremos, salimos cuando queremos, y mientras cumplamos con las “metas” –quién diría que terminaría usando palabras como esa- da lo mismo lo que hagas. Es muy relajado y flexible, trabajo con un muy buen amigo y es lo único que permite que yo pueda trabajar en una oficina en Vitacura. Porque es que jamás en la vida hubiera pensado que sería una de esas miles de miles de personas que trabajan en esos edificios de Vitacura y que pasan el día encerrados en una oficina. O sea, ese era el gran NO-NO de mi futuro. Lo cual hace que esta situación sea particularmente divertida.
Es que en realidad, a pesar de que me encanta quejarme, lo paso muy bien. Me río todo el día. Estoy como en una gran mesa con los otros “writers” que son todos freaks como yo que estudiaron huevadas como literatura, filosofía, publicidad y etc. O sea, puros cesantes que se ven obligados a trabajar en lo que sea. Y son tan, pero tan divertidos. Cada cinco minutos nuestra mesa estalla en risas, y el día se pasa más o menos volando. Hay otros que no, y que se me hacen eternos. Sobre todo porque una vez a la semana me toca trabajar de 2pm a 12am y ese cambio de horario es del terror para alguien como yo. Como que se me altera el tiempo mismo, es raro. Y me siento como mal pensando en el mundo allá afuera y yo encerrada en una oficina de Vitacura a las 11pm viendo qué mierda es un adaptador no sé qué. 
Pero en fin. Durante el día escuchamos música y nos reímos y finalmente, para aplacar esa vocecita que me dice que debería estar escribiendo mis propias cosas –que he dejado prácticamente abandonadas entre el trabajo y la vida “social” o lo que sea- en vez de ofertas idiotas, o que debería estar allá afuera bajo el sol, o viajando, o tratando de trabajar en algo que tenga que ver con literatura, me digo a mí misma que al final del día me están pagando para escribir. Escribir basura, claro está, pero algún músculo de la escritura tendrá que estar trabajando esta huevá, y mientras no se encuentre algo mejor, aquí estamos. 
Lo bueno es que es verano y mi ánimo está por las nubes. Estoy en el momento más optimista del año y me lo tomo todo con humor. Y mi cabeza egocéntrica piensa que este trabajo y las cosas que he vivido –que ya con un par de semanas podría escribir varias entradas con cada una- sería un muy buen material para mi biografía, esa que van a escribir después de que Warner Brothers compre los derechos de mi saga fantástica y me gane el Oscar y el Nobel y el Grammy y todo eso que obviamente va a pasar.
Por ahora, aquí estamos.

jueves, diciembre 15, 2011

Hoy me di cuenta de que si salgo 15 minutos antes de mi casa, me ahorro ese estrés de llegar tarde, me ahorro las manadas de personas que llegan y llegan al metro, me ahorro tener que esperar tres metros antes de poder subir a presión, donde cada parte de mi cuerpo está apretada contra una persona y el calor y el olor y el encierro me parecen interminables, y me ahorro eso de salir del metro con unas 50 personas más, y tener que esperar a cruzar porque somos filas y filas y tengo que esperar a esa vieja que mira su celular, a que avance, para alcanzar a pasar la luz, y me ahorro esa sensación rara que me acompaña todos los días al ver que unas 30 personas van exactamente hacia el mismo lugar que yo, y me acuerdo de nuevo de animales, pero de tristes animales, de animales con terno y tacos, con caras de sueño y ojeras y cero ganas de ir a trabajar.
Conclusión: La mayor parte de esta ciudad llega atrasada a la pega.

domingo, diciembre 04, 2011

sobre dualidades y extraterrestres internos

Ayer hablaba con J. y le dije que a veces siento que somos dos aquí adentro. Uf, sí, me doy cuenta lo patológico que suena eso, pero es la verdad. Digo, puedo hasta quejarme de la personita/vocecita/whatever que vive en mi cabeza y me susurra estupideces. A veces no, claro, como cuando escribo sin saber hacia dónde va la cosa, como si alguien me estuviera dictando las palabras. Pero sean buenas o malas ideas, el punto es que de verdad creo que somos dos. Al menos en algún nivel. No, no escucho voces, por si mis lectores invisibles se lo están preguntando, pero creo que a todos, o ya, a algunos, nos ha pasado alguna vez eso de desear tener un botón de off para la cabeza. Como cuando sabes que tienes que dormir, porque al día siguiente tienes que levantarte temprano, y la cabeza no para de funcionar. Yo le doy órdenes. En serio, le digo cállate, córtala, duérmete, o al menos piensa en otra cosa. Y le sugiero otra cosa en qué pensar. Pero esa personita que vive en mi cabeza casi nunca me escucha.
En todo caso, no es una idea nueva. Casi nada lo es. Me acuerdo que hace años leí uno de esos libros escritos por algún gurú/mentor/sabio/bla que hablaba sobre eso que tanto se ha dicho últimamente, y que no por eso deja de ser verdad. Que nosotros casi nunca vivimos en el presente. Que nuestra cabeza siempre está en el pasado o en el futuro. Y yo le agregaría en el condicional, o en los podrían ser, o los escenarios o mundos posibles, que finalmente pueden terminar siendo peores. Pero en fin, la cosa es que, como le contaba a J., el libro partía con una especie de prólogo en la que él decía que cuando tenía 29 años había tratado de suicidarse varias veces (lo cual es bastante ridículo, creo yo. Morir no puede ser tan difícil), y que una noche despertó pensando: Ya no puedo vivir conmigo mismo. Y de ahí eso de que hay “dos” dentro de uno. Creo que a ese “otro” él lo llamaba ego, o mente. Y no me acuerdo bien qué onda porque no terminé el libro, pero sí me acuerdo que él decía que solo uno de ellos era real. Que la mente, el ego, o la vocecita de mierda es falsa. Y bla. Yo no sé si eso sea así, ni si realmente se puede hablar de dos seres dentro de uno, o si uno de ellos sea falso, lo cual solo me hace sentido si pensamos en que uno crea al otro. Es como la versión complicada de eso del autosabotaje. Pero finalmente eso de que uno se sabotea a sí mismo también habla de una dualidad interna.
En todo caso, en la literatura y en la pintura se ha representado millones de veces. Y sí, claro, casi siempre se habla de las dualidades como las partes que componen el mundo, desde la materia hasta los átomos, desde las estaciones hasta representaciones del bien y el mal, de la luz y la oscuridad, del calor y el frío, en fin. Se entiende. Pero creo que es lógico de alguna manera pensar que las cosas son iguales a grande escala y a pequeña, y que si el mundo se compone de dualidades, quizás nosotros también.
Yo soy bipolar. Me hice todos los malditos exámenes psicológicos (cosa que al final igual ha sido ventajosa porque ahora sí cacho qué hay que decir y ver para parecer normal y que te vaya bien en las entrevistas. Anécdota: para una de las primeras que tuve en la vida, me hicieron dibujar “a una persona bajo la lluvia”. Esto, me enteré después, era para ver cómo enfrentabas y veías tus problemas, o las cosas malas de la vida, o no sé qué.  ¿Qué dibujé yo? Bueno, pues nubes, lluvia, y un hombre parado en la mitad de la página mirando en blanco desde el papel, sin sonreír, porque supuse que no le gustaría mucho estar así bajo la lluvia. ¿Qué dibujaron las demás? Como éramos la mayoría mujeres, obviamente todas dibujaron a una niña sonriente, sosteniendo un paraguas, y unas nubles amigables tirando gotitas que no alcanzan a mojarlas. Ja. Yo me equivoqué en todo. Los problemas eran la cantidad de lluvia y agua, y el paraguas o la falta de él, era tu capacidad para defenderte de ellos, o algo por el estilo. Herramientas para enfrentarlos parece. Y es raro igual que en vez de dibujar una niña, haya dibujado a un hombre, y creo que es porque dijeron que dibujáramos a una “persona” y mi cabeza se fue inmediatamente a lo objetivo; el sujeto como tal es hombre. El “hombre” equivale a “ser humano”. De hecho, hasta se dice así. “Desde la prehistoria, el hombre…”. Whatever.)
En fin. Como siempre, me desvío. Eso, que soy bipolar y que ya la palabra está tan usada que probablemente no significa nada, pero significa algo para mí porque es un nombre a algo que siempre he sido. Pero el punto es eso, significa una dualidad, pero no en la persona en sí, sino en el estado de ánimo. No dicen, supongo, que hay “dos” dentro de uno, sino más bien que ese uno es como un péndulo, o una montaña rusa, o uno de esos gráficos que ponen en las escenas de películas de oficinas o en comerciales de empresas. Altos y bajos y todo eso. Pero de nuevo pienso que al final todo está conectado. De hecho, y bueno nada que ver, pero en fin, me acuerdo que una de las primeras veces que fumé pitos, me fui en una muy mala volada pensando –esto antes de haber visto Malkovich- que onda había alguien dentro de mi cabeza observando todo lo que hacía. Como si mis ojos fueran unas cámaras, como si hubiera un extraterrestre diminuto como el de Men in Black cuando le abren la cabeza a ese viejo del gato.
Pero bueno, antes hablaba de que me hacía sentido eso de que uno fuera “falso”, -aunque yo no usaría esa palabra-, solo si uno hubiera creado al otro. Igual es rara la idea, pero de nuevo con eso del autosabotaje, al final siento que es un poco la onda Frankenstein, pero que uno como que alimenta al monstruito que vive en nuestras cabezas con todas las inseguridades, las experiencias pasadas negativas, o las paranoias, o los miedos. No sé. Pero lo que sí hago a veces es mirar todo este asunto como si fuera efectivamente una película o de terror o de monitos, y pensar que hay alguien dentro de mi cabeza al que yo puedo o no puedo controlar. Al final es como pensar que cada pensamiento que se viene a tu cabeza que no tiene que ver con nada, o que habla de ideas irracionales pero que pueden afectar en lo que estás viviendo en el momento, viene como de otro lado.
Pero no sé. Este ha sido un largo y extraño post, y no llega a ningún lado. Solo viene de esta frustración que a veces se apodera de mí cuando dejo que esa vocecilla de mierda haga que diga o sienta cosas que en realidad sé que son o irracionales, o ridículas, o simplemente no verdad. Y supongo que me da rabia pensar esas cosas y más encima expresarlas. Eso sí que es autosabotaje. Y nadie aguanta mucho rato eso. Ni siquiera uno mismo. O el otro.