martes, enero 03, 2012

Al escribir o leer me pasa que logro desconectarme completamente de todo. Logro concentrarme absolutamente en otras realidades, y se me olvida momentáneamente dónde estoy, quién soy y ese hombrecito que vive dentro de mi cabeza se calla, probablemente porque también está prestando atención a la historia.
Pero cuando escribo, y me envuelvo en ese mundo de leer lo que acabas de escribir, seguir escribiendo, y viendo cómo esa historia que tienes en la cabeza va cobrando forma, cómo los personajes ya empiezan a hablar con un tono particular, distintivo, cómo los lugares van edificándose de tal manera que comienzan a ser familiares, como recuerdos que puedes seguir visitando, en resumen, ese mundo que uno va creando y que finalmente termina plasmándose en un imaginario concreto, no se parece a nada y realmente puede sumergirte de manera absoluta, evadirte de cualquier cosa, hacer que todo lo que no tiene que ver con estar escribiendo parezca completamente secundario y sin importancia alguna.
Eso es lo que pasa. Y me pregunto si será así para los demás. Y si es así, bueno, eso explicaría muchas cosas. Pero me lo pregunto igual.
Y ahora vuelvo a mi mundo de criaturas sobrenaturales de la noche, o lo que sea.

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