Últimamente he estado observando un comportamiento cada vez más frecuente en la raza humana, especialmente –aunque no siempre, por supuesto- en la especie masculina, aunque quizás debería decir con honestidad que hay ciertos casos de mi presente que no caben en lo absoluto en esta categoría (thank god-dess). Es la onda del monólogo. Es como si esto fuera una obra de teatro, como nuestro querido S. siempre decía, y muchas de las escenas han pasado del diálogo al monólogo en la interacción con nuestros pares masculinos. En efecto, en estas últimas semanas me ha tocado ser víctima de esta verborrea insensata por parte de estos especímenes, que logran ignorar por completo el hecho de que han estado hablando durante media hora, y cada vez que una ha querido intervenir con una mera opinión, es acallada inmediatamente por la continuación de este largo y tedioso monólogo.
Y lo más patético es que se supone que eso tiene que seducirla a uno.
En serio, porque generalmente estos monólogos son simplemente una lista de los atributos y logros del sujeto en cuestión, o su opinión brillante o diferente sobre un tema que en realidad se nota que son discursos como aprendidos de memoria. Y es que realmente son personajes, eso se nota. Y no es que esté mal ser un personaje, pero es triste tener que inventarlo todos los días. Me parece que los que somos –ya, sí, yo también obviamente- medios personaje es porque simplemente somos así (I was born this way, baby, como dice Gaga) y no porque tenemos que construir esta persona cool o lo que sea.
Pero me desvío. Es realmente impresionante la capacidad que tienen estos tipos de ignorar las señales de tedio en mi cara, porque me lo han dicho, y soy consciente de que es así, que en ese sentido soy demasiado transparente para mi propio bien, y se me nota al tiro si estoy enojada, o apestada o sus derivaciones. Y yo creo que es porque en realidad yo en esas situaciones doy lo mismo. Cuando estoy en la mitad de uno de estos monólogos que me aburren soberanamente, pienso que bien podría ser una planta, o un perro, o una pared. Como que da lo mismo, en verdad. Y al mismo tiempo, se supone que una tiene que estar sorprendida y atraída por todas las cosas interesantes que te están diciendo, cuando en el fondo los dos sabemos que la vida no es así, en verdad.
En fin. Igual sé que digo cosas de manera categórica y a veces se confunde con absolutismos, que finalmente siempre vienen de la ignorancia, por lo que repito eso de que hay muchas excepciones y tengo que admitir que hay cosas que me gusta mucho escuchar y que escucharía por horas. Pero en el fondo mi mensaje es el siguiente: Hombres, hablar y hablar por horas y ni siquiera hacer una pregunta sobre la otra persona no es la manera de comunicarse con nadie, y menos con una chica, y menos con una chica inteligente (como una cree ser, claro está), porque al final una también tiene el ego elevado o lo que sea, y me gusta ser escuchada también. Si no están interesados en la opinión o historias de la mujer presente, bueno, recomiendo abortar la misión o al menos hablar poco y actuar más. Porque –y esto no lo digo por experiencia presente sino pasada- si en realidad lo que el chico quiere es llevarte a la cama, toda la cháchara previa no sirve de nada. Mucho mejor que te digan cosas como que eres guapa y no sé qué, a que te cuenten cómo se juntó la banda de música a la cual pertenece o lo que opina sobre no sé qué tema aburrido e irrelevante.
Y eso. Ese sería mi comentario positivo sobre el mundo el día –la noche, digo- de hoy. Y un poco agradecida también de este presente veraniego por alguna razón. Ahora, cabeza, a apagarse porque espera otra mañana a las 6am y eso no nos gusta a los que vivimos aquí adentro. Ja.
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