Hay muchos clichés que no sirven para nada. Yo al menos tiendo a enojarme, muchas veces sin quererlo, cuando la gente usa lugares comunes para tratar de consolarme en algunas situaciones. Cosas como "todo pasa por algo" o "hay otros peces en el océano" me parecen detestables y una forma barata de tratar de decir algo cuando en realidad lo único que tienes que hacer es decir "pucha, que lata" y se acabó.
Pero siguiendo con el tema de los últimos posts, hay algunos lugares comunes que, paradógicamente, sí son verdad. En mi mente, veo la diferencia como entre frases que salen en tarjetas de cumpleaños o en carteles de publicidad, y dichos antiguos y sabios que se han contado por generaciones, de repente incluso hace mucho tiempo, alrededor de fogatas o algo así. Bueno, al menos así me gusta imaginarlos. Cosas como que el tiempo realmente suaviza las heridas, creo que es verdad. Al menos por lo que puedo recordar, generalmente es así.
Otro, y el que verdaderamente me interesa en este momento, es eso que dicen sobre que en general, las cosas que verdaderamente valen la pena tienden a ser difíciles de conseguir y, yo le agregaría, de mantener.
Es que tengo que reconocer que mi vida ha sido básicamente bastante fácil, en todos los ámbitos. Al menos externos pero lo otro es tema que ya he hablado y cero ganas de tocarlo again. El punto es que sí, mi vida ha sido fácil. Digo, nunca he tenido que esforzarme demasiado para conseguir las cosas. Tengo una familia la raja, nunca me ha faltado la plata, amigos, siempre me ha ido bien en los estudios con el mínimo esfuerzo y etc. Incluso las cosas que me pasan, de repente pareciera que me caen del cielo o algo así.
Ja. Y eso que mi psicólogo me insistió tanto en su momento con eso de que la vida no siempre iba a ser así para mí, y que tenía que convencerme de que no todo iba a, justamente, caerme del cielo o whatever. Pero es bastante difícil no seguir creyendo que la vida es así cuando, en realidad, la vida es así. Al menos para mí.
Debe sonar mega odioso este post, pero es honesto al menos.
Así que eso, tengo que confesar -aunque no me enorgullece demasiado- que no estoy muy acostumbrada a que las cosas se me hagan muy difíciles, y cuando lo son, no sé bien cómo reaccionar.
Obviamente, el primer instinto es arrancar, abortar la misión. Irme por prados más agradables, sin tanto obstáculo. Y por otro lado, como he tenido una vida de niñita privilegiada que ha llenado su cabeza de imaginarios fantásticos e historias de otros mundos, me cuesta a veces aceptar la realidad de las cosas. Sí, es que soy una idealista crónica y me cuesta dejar de tener esperanza en las cosas o al menos desprenderme de estas imagenes que tengo en la cabeza sobre cómo creo que la vida, o algo en concreto, debería ser. Quizás "idealista" no sea la palabra adecuada. Quizás es otra, que me da verguenza verbalizar.
En fin. Pero últimamente me he preguntado si no valdrá la pena mantenerme en algo potencialmente difícil porque justamente, vale la pena, destacando el hecho de que en este caso, el cliché es verdad. Porque en realidad ni siquiera tengo que preguntármelo. Aunque a veces me dan ganas de irme, de arrancar, de optar por lo más fácil, o al menos por lo conocido, creo que a veces simplemente hay que arriesgarse.
Como una decisión de pega que tomo hoy. Como el vértigo que me da probar algo nuevo en marzo. Y como el terror que me da el punto sin retorno que algunas cosas me plantean estos días.
Creo que al final es justamente eso: miedo. Miedo a lo desconocido, a fracasar, a sufrir, en fin.
Hay que ser valiente.
Al menos eso trato de decirme. Aunque no, no lo escribo en mi espejo ni lo repito como mantra en las mañanas.
Al menos no todavía. Les aviso si pasa a niveles más patológicos.
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