Bueno, este es un tema recurrente en este blog. Creo. Pero whatever.
Esta semana ha sido un intermedio entre una semanita de vacaciones post pega anterior (oh sí, ya no seré una pequeña redactora de ofertas y tengo que confesarlo, me entristece un poco) y lo que se viene mañana. Mañana es mi primer día de profesora. O sea, en realidad, de asistente de profesora, en un colegio digamos conservador y nada más.
Estoy nerviosa.
Un poco porque es algo nuevo y desconocido y a los de mi especie no nos gusta ni uno ni lo otro, y en parte porque no sé. Soy insegura y como que todavía no me lo creo. No logro visualizarme como una “Miss” (sip, colegio inglés y muy similar al mío y no decimos nada más) para niños de 9 años. Dentro de mis pocos conocidos hay veredictos para un lado y el otro. Y yo, bueno, aquí estoy. Tratando de ser valiente y la onda.
Pero en fin, lo que quiero realmente comentar el día de hoy es que esta semana entonces han sido días que, a pesar de no estar trabajando, tampoco han sido así como vacaciones. Por culpa de los malditos trámites. O sea, claro, por culpa mía obviamente y esta estupidez que tengo de hacer todo y absolutamente todo a última hora. Es terrible, es una compulsión que por alguna maldita razón no puedo controlar, y lo peor es que lo paso pésimo semanas y semanas. Pero bueno me desvío, como siempre. Y como siempre también entonces, todo a última hora, y día lunes me doy cuenta de que el colegio este me pide una cantidad monstruosa de papeles que tengo que presentar el jueves. Papeles como certificado de nacimiento, antecedentes, Dicom, cartas de recomendación, títulos y huevás firmadas ante notario y hasta un examen médico. Así que estos días me he dedicado a recorrer la ciudad. Y en verdad, porque aparte soy súper desordenada y me pegué varios viajes estúpidos como de tener que ir a un extremo, luego al otro, y luego devolverme y en fin, muchas combinaciones en el metro y toda la onda.
Y lo que me ha pasado estos días es nuevamente esa sensación de que como que la gente se ve más como extras de películas que como gente de verdad.
En serio, es que los he estado mirando harto. Y eso que claro, trabajando antes he tomado el metro todos los días pero la cagó cómo en la mañana puedo andar en piloto automático y simplemente no ver ni escuchar nada. Y nada, estos días me he dedicado a realmente mirar, supongo. Porque, bueno, he estado rodeada de gente en el metro y nada, como que entre que hay turistas que sobresalen justamente porque no son como el resto, y me pasa que el resto ya no es como el “resto”. No sé si se entiende. Ya no son caras iguales, o genéricas, olvidables. Son rostros súper distintivos, con estilos concretos, roles súper concretos también.
Obviamente es un tema de perspectiva.
Pero lo que me pasa es que como que de repente se me hacen medios sospechosos. Porque es como mi amigo A. dice, nadie quiere ser del montón, pero la mayoría tiene que serlo, por lógica. Bueno, él lo dice mucho mejor y es en pos de criticarme cuando le digo que cuando tenía 15 era súper looser y nerd. En fin. El punto es que me he sentido estos días como dentro de un interminable video musical mezclado con imaginarios de Kafka y cosas. Porque me ha tocado ir a lugares tan lúgubres, tan maqueteadamente deprimentes, que no puedo dejar de dudar si no será realmente un montaje.
Supongo que la idea se me quedó pegada de esos días del primer y segundo año de universidad (sí, rememorando mode on) cuando empecé a salir con ese chico que me enseñó cosas nuevas, entre ellas, fumar pitos. Y como él era bueno para seguir mis ideas y él mismo tenía una predisposición bastante agradable hacia esto de ficcionar la realidad o whatever, pasábamos muchas horas creando estas “teorías” sobre el mundo, sobre todo en realidad. Ahora veo ese tiempo como entre medio vergonzoso, medio enternecedor y con un poco de resentimiento, hay que decirlo, porque el chico en cuestión terminó siendo un mentiroso hijo de puta. Pero con una gran imaginación. Pero el punto es eso, pasábamos las horas hablando, y caminando por las calles del centro y pensando que todo era una maqueta, y que podíamos controlar la realidad y todas esas cosas que, sorprendentemente para mí al menos, con el tiempo pasaron a ser lugares comunes. Puedo decir con honestidad que en ese momento al menos pensábamos que estábamos siendo mega originales y que en realidad habíamos descubierto LA VERDAD, lo que sea que fuera eso.
En fin. Supongo que parte de eso se ha quedado conmigo, y ahora mientras estoy en el metro o mientras camino por providencia, me parece que todos me miran de reojo, que la gente está demasiado maqueteada, demasiado vestidos con estilos particulares, demasiada belleza o exotismo o whatever como para ser real. O que realmente, no puede ser que las notarías sean tan pero tan calurosas y todos se vistan de café. Y esos viejos con trajes a cuadro, y esa vieja con ese vestido a lo francés y esa sombrilla con encajes, es que por favor, el equipo de vestuario se está sobrepasando un poco.
Porque eso es lo otro, y quizás una señal de que estoy viendo efectivamente demasiada televisión, es que a veces encuentro, como decirlo, errores de producción en la realidad. Como que cacho cuando al director se le pasó una, o cuando ese extra entró dos veces por la misma esquina. Cuando producción está teniendo un mal día o no sé, los de la escenografía o efectos especiales se equivocaron cuando por ejemplo hoy, me agregaron dos secuelas extra de caminata haciendo la conexión entre la Línea 5 y 1. En serio, estaba llegando al tren y de pronto veo que no, que es mucho más allá. Errores técnicos, ya ven.
El problema es cuando uno se pone a pensar en qué tipo de errores estará cometiendo el guionista en este embrollo. La gente no suele pensar en ellos, pero son los que finalmente crean la historia.
Veremos qué obstáculos y momentos de dispersión me otorgarán para mi primer día de trabajo el día de mañana.
Por ahora, that’s it.