miércoles, febrero 29, 2012

"all my neighbors look like extras"

Bueno, este es un tema recurrente en este blog. Creo. Pero whatever.
Esta semana ha sido un intermedio entre una semanita de vacaciones post pega anterior (oh sí, ya no seré una pequeña redactora de ofertas y tengo que confesarlo, me entristece un poco) y lo que se viene mañana. Mañana es mi primer día de profesora. O sea, en realidad, de asistente de profesora, en un colegio digamos conservador y nada más.
Estoy nerviosa.
Un poco porque es algo nuevo y desconocido y a los de mi especie no nos gusta ni uno ni lo otro, y en parte porque no sé. Soy insegura y como que todavía no me lo creo. No logro visualizarme como una “Miss” (sip, colegio inglés y muy similar al mío y no decimos nada más) para niños de 9 años. Dentro de mis pocos conocidos hay veredictos para un lado y el otro. Y yo, bueno, aquí estoy. Tratando de ser valiente y la onda.
Pero en fin, lo que quiero realmente comentar el día de hoy es que esta semana entonces han sido días que, a pesar de no estar trabajando, tampoco han sido así como vacaciones. Por culpa de los malditos trámites. O sea, claro, por culpa mía obviamente y esta estupidez que tengo de hacer todo y absolutamente todo a última hora. Es terrible, es una compulsión que por alguna maldita razón no puedo controlar, y lo peor es que lo paso pésimo semanas y semanas. Pero bueno me desvío, como siempre. Y como siempre también entonces, todo a última hora, y día lunes me doy cuenta de que el colegio este me pide una cantidad monstruosa de papeles que tengo que presentar el jueves. Papeles como certificado de nacimiento, antecedentes, Dicom, cartas de recomendación, títulos y huevás firmadas ante notario y hasta un examen médico. Así que estos días me he dedicado a recorrer la ciudad. Y en verdad, porque aparte soy súper desordenada y me pegué varios viajes estúpidos como de tener que ir a un extremo, luego al otro, y luego devolverme y en fin, muchas combinaciones en el metro y toda la onda.
Y lo que me ha pasado estos días es nuevamente esa sensación de que como que la gente se ve más como extras de películas que como gente de verdad.
En serio, es que los he estado mirando harto. Y eso que claro, trabajando antes he tomado el metro todos los días pero la cagó cómo en la mañana puedo andar en piloto automático y simplemente no ver ni escuchar nada. Y nada, estos días me he dedicado a realmente mirar, supongo. Porque, bueno, he estado rodeada de gente en el metro y nada, como que entre que hay turistas que sobresalen justamente porque no son como el resto, y me pasa que el resto ya no es como el “resto”. No sé si se entiende. Ya no son caras iguales, o genéricas, olvidables. Son rostros súper distintivos, con estilos concretos, roles súper concretos también.
Obviamente es un tema de perspectiva.
Pero lo que me pasa es que como que de repente se me hacen medios sospechosos. Porque es como mi amigo A. dice, nadie quiere ser del montón, pero la mayoría tiene que serlo, por lógica. Bueno, él lo dice mucho mejor y es en pos de criticarme cuando le digo que cuando tenía 15 era súper looser y nerd. En fin. El punto es que me he sentido estos días como dentro de un interminable video musical mezclado con imaginarios de Kafka y cosas. Porque me ha tocado ir a lugares tan lúgubres, tan maqueteadamente deprimentes, que no puedo dejar de dudar si no será realmente un montaje.
Supongo que la idea se me quedó pegada de esos días del primer y segundo año de universidad (sí, rememorando mode on) cuando empecé a salir con ese chico que me enseñó cosas nuevas, entre ellas, fumar pitos. Y como él era bueno para seguir mis ideas y él mismo tenía una predisposición bastante agradable hacia esto de ficcionar la realidad o whatever, pasábamos muchas horas creando estas “teorías” sobre el mundo, sobre todo en realidad. Ahora veo ese tiempo como entre medio vergonzoso, medio enternecedor y con un poco de resentimiento, hay que decirlo, porque el chico en cuestión terminó siendo un mentiroso hijo de puta. Pero con una gran imaginación. Pero el punto es eso, pasábamos las horas hablando, y caminando por las calles del centro y pensando que todo era una maqueta, y que podíamos controlar la realidad y todas esas cosas que, sorprendentemente para mí al menos, con el tiempo pasaron a ser lugares comunes. Puedo decir con honestidad que en ese momento al menos pensábamos que estábamos siendo mega originales y que en realidad habíamos descubierto LA VERDAD, lo que sea que fuera eso.
En fin. Supongo que parte de eso se ha quedado conmigo, y ahora mientras estoy en el metro o mientras camino por providencia, me parece que todos me miran de reojo, que la gente está demasiado maqueteada, demasiado vestidos con estilos particulares, demasiada belleza o exotismo o whatever como para ser real. O que realmente, no puede ser que las notarías sean tan pero tan calurosas y todos se vistan de café. Y esos viejos con trajes a cuadro, y esa vieja con ese vestido a lo francés y esa sombrilla con encajes, es que por favor, el equipo de vestuario se está sobrepasando un poco.
Porque eso es lo otro, y quizás una señal de que estoy viendo efectivamente demasiada televisión, es que a veces encuentro, como decirlo, errores de producción en la realidad. Como que cacho cuando al director se le pasó una, o cuando ese extra entró dos veces por la misma esquina. Cuando producción está teniendo un mal día o no sé, los de la escenografía o efectos especiales se equivocaron cuando por ejemplo hoy, me agregaron dos secuelas extra de caminata haciendo la conexión entre la Línea 5 y 1. En serio, estaba llegando al tren y de pronto veo que no, que es mucho más allá. Errores técnicos, ya ven.
El problema es cuando uno se pone a pensar en qué tipo de errores estará cometiendo el guionista en este embrollo. La gente no suele pensar en ellos, pero son los que finalmente crean la historia.
Veremos qué obstáculos y momentos de dispersión me otorgarán para mi primer día de trabajo el día de mañana.

Por ahora, that’s it.

lunes, febrero 06, 2012

sobre ser valiente y la onda

Hay muchos clichés que no sirven para nada. Yo al menos tiendo a enojarme, muchas veces sin quererlo, cuando la gente usa lugares comunes para tratar de consolarme en algunas situaciones. Cosas como "todo pasa por algo" o "hay otros peces en el océano" me parecen detestables y una forma barata de tratar de decir algo cuando en realidad lo único que tienes que hacer es decir "pucha, que lata" y se acabó.

Pero siguiendo con el tema de los últimos posts, hay algunos lugares comunes que, paradógicamente, sí son verdad. En mi mente, veo la diferencia como entre frases que salen en tarjetas de cumpleaños o en carteles de publicidad, y dichos antiguos y sabios que se han contado por generaciones, de repente incluso hace mucho tiempo, alrededor de fogatas o algo así. Bueno, al menos así me gusta imaginarlos. Cosas como que el tiempo realmente suaviza las heridas, creo que es verdad. Al menos por lo que puedo recordar, generalmente es así.

Otro, y el que verdaderamente me interesa en este momento, es eso que dicen sobre que en general, las cosas que verdaderamente valen la pena tienden a ser difíciles de conseguir y, yo le agregaría, de mantener.
Es que tengo que reconocer que mi vida ha sido básicamente bastante fácil, en todos los ámbitos. Al menos externos pero lo otro es tema que ya he hablado y cero ganas de tocarlo again. El punto es que sí, mi vida ha sido fácil. Digo, nunca he tenido que esforzarme demasiado para conseguir las cosas. Tengo una familia la raja, nunca me ha faltado la plata, amigos, siempre me ha ido bien en los estudios con el mínimo esfuerzo y etc. Incluso las cosas que me pasan, de repente pareciera que me caen del cielo o algo así.
Ja. Y eso que mi psicólogo me insistió tanto en su momento con eso de que la vida no siempre iba a ser así para mí, y que tenía que convencerme de que no todo iba a, justamente, caerme del cielo o whatever. Pero es bastante difícil no seguir creyendo que la vida es así cuando, en realidad, la vida es así. Al menos para mí.
Debe sonar mega odioso este post, pero es honesto al menos.

Así que eso, tengo que confesar -aunque no me enorgullece demasiado- que no estoy muy acostumbrada a que las cosas se me hagan muy difíciles, y cuando lo son, no sé bien cómo reaccionar.
Obviamente, el primer instinto es arrancar, abortar la misión. Irme por prados más agradables, sin tanto obstáculo. Y por otro lado, como he tenido una vida de niñita privilegiada que ha llenado su cabeza de imaginarios fantásticos e historias de otros mundos, me cuesta a veces aceptar la realidad de las cosas. Sí, es que soy una idealista crónica y me cuesta dejar de tener esperanza en las cosas o al menos desprenderme de estas imagenes que tengo en la cabeza sobre cómo creo que la vida, o algo en concreto, debería ser. Quizás "idealista" no sea la palabra adecuada. Quizás es otra, que me da verguenza verbalizar.

En fin. Pero últimamente me he preguntado si no valdrá la pena mantenerme en algo potencialmente difícil porque justamente, vale la pena, destacando el hecho de que en este caso, el cliché es verdad. Porque en realidad ni siquiera tengo que preguntármelo. Aunque a veces me dan ganas de irme, de arrancar, de optar por lo más fácil, o al menos por lo conocido, creo que a veces simplemente hay que arriesgarse.
Como una decisión de pega que tomo hoy. Como el vértigo que me da probar algo nuevo en marzo. Y como el terror que me da el punto sin retorno que algunas cosas me plantean estos días.

Creo que al final es justamente eso: miedo. Miedo a lo desconocido, a fracasar, a sufrir, en fin.
Hay que ser valiente.
Al menos eso trato de decirme. Aunque no, no lo escribo en mi espejo ni lo repito como mantra en las mañanas.
Al menos no todavía. Les aviso si pasa a niveles más patológicos.